Nuria Formentí

Gijón, 1971

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Cuadros Miami 009

Cuadros Miami 019

Cuadros Miami 015

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Cuadros Miami 005

73X55 cm.

NF5Nuria Formentí (Gijón, 1971)

Nació en Gijón y creció en Colombia entre los nueve y los diecinueve años. Nuria Formentí es una de esas artistas cuyos padres, aunque si bien no dedicados a las artes, han tenido una vinculación más que cercana con ellas. Desde muy pequeña ha vivido rodeada de grandes artistas y escritores que, como si de un imán se tratasen, arrastraron a la artista hacia la búsqueda de la belleza y la vida a través de la plástica. Éstos le dieron las herramientas necesarias para poder manejarse en un mundo mágico, en su mundo. Desde muy pequeña daba rienda suelta a su mano tomando el bolígrafo como soporte para plasmar sus arrebatos teóricos en un papel que, lejos de su consciencia, llenaba y rellenaba de contenido que solo leía cuando acababa y del que no reconocía como suyo sino de un demiurgo.
Como consecuencia de un contexto comprometido, Nuria realizó estudios superiores en Relaciones públicas y protocolo fuera de Colombia, pero, su necesidad creativa le impidió continuar su carrera laboral apostando por lo que de verdad sentía y siente y, volviendo al que considera su hogar una y otra vez. En 1999 y de manos de su maestro“de ceremonias”, Antonio Obregón, Nuria compra una tela y óleos y empieza a pintar buscando la armonía estética que le perseguirá durante toda su plástica. Eduardo Úrculo, Frida Kahlo, Gabriel García Márquez o Enrique Grau, están presentes en cada uno de los cuadros de la artista en todos sus lenguajes. Fue precisamente en ese año cuando la artista empezó su carrera artística sin freno alguno. Fuerteventura, Cartagena de Indias, Barranquilla, Oviedo, Gijón o Ginebra, serán destinos obligatorios en los que la artista expone su obra.
Cargadas de significado, en la obra de Formentí se funden pintura y escritura para expresar sus pasiones y emociones hasta liberar su alma. Lo que ama, piensa, dice o sueña están presentes en cada uno de sus lienzos mostrándolo como una especie de oda a la belleza y a la naturaleza que la rodea o que imagina. Aunque tanto ella como sus obras transmiten sensibilidad y sentimiento en los ojos del que las mira, también están cargadas de un implícito contenido crítico y social que reivindica sus experiencias. Y, como no podía ser de otra manera, se podría calificar su obra de un personal realismo mágico donde destacan los encuadres cinematográficos, los colores vivos, los contrastes de luz y sombras y unas calidades casi palpables en sus formas.
Alberto Cortez deseó que los pinceles de Nuria fueran las alas que le permitiesen volar y, así se ha podido presenciar en cada una de sus exposiciones. De esta suerte y, sin parar de buscar, la artista voló por el Caribe, visitó escenas y escenarios literarios, reivindicó la fortaleza de las mujeres, iluminó cielos grises y por fin liberó sus cadenas. En un sincero homenaje al papel, a las tintas, al sexo y a la mujer, superó el tabú y, sin miedos, siguió su camino y empezó a disfrutar de la vida.

María M. Vallina