Patu Inclán

(Avilés, 1978)

La sensibilidad estética de esta artista se palpa en una vida privada donde lo decorativo nos transporta a los primeros gabinetes de curiosidades. Animales, vegetales, minerales o instrumentos técnicamente avanzados envuelven al invitado en un universo atemporal.
Antes de Licenciarse en Bellas artes por la Universidad de Salamanca, cursó estudios en la Escuela de Artes Plásticas de Oviedo, un hecho decisivo que la motivó para adentrarse de lleno en la pintura. Tras finalizar su formación superior y aún inquieta por encontrar un camino, decidió especializarse en teoría y práctica de las artes visuales, un complemento con el que pudo liberar la mente hacia una historia del arte más compleja y global. En 2015 comienza un curso de escultura por considerarse carente en este lenguaje. Hoy en día, junto con la pintura, forma parte de su seña de identidad.
Perfeccionista de una técnica donde el dibujo es el protagonista, las primeras obras de Patu destacaron por la presencia de un expresionismo que recuerda a Bacon. La distorsión de las figuras, los espacios indeterminados y la percepción inquietante de las composiciones donde la escenografía copaba los límites del lienzo. Figuras humanas y animales místicos ilustraban momentos autobiográficos dejando fluir sentimientos y quizás actuando a modo de terapia. Colores rojos, blancos y negros con aire nostálgico, grises eléctricos y atmósferas ruidosas formaban parte de la paleta de colores que utilizaba. Su manera de trabajar en este momento estaba condicionada por una situación vital comprometida que incluso desató el caos en la estructura de sus rutinas.
Poco a poco la obra de esta artista va encontrando su sitio y los personajes fantasmagóricos se convierten en niños enmarcados en lindes geométricos y los animales fantásticos en animales reales. Narrativas intrigantes y tensiones se focalizan en una puesta en escena cada vez más consciente y contenida. Un ritual práctico comienza a emerger en una metodología que se ve reflejada en un estilo e iconografía propios. Animales vulnerables que la gente desprecia son aquellos que representa dotándolos de un marco que protege esa fragilidad. En ese cerco se siente a gusto, es su fortaleza y estos animales la ayudan a comprenderse a sí misma. Ahora, su mente y su obra están equilibradas. La Contención es una constante a través de escenografías engañosamente dulcificadas que generan una fuerte tensión atmosférica a través de los fondos matizadamente negros.
Las calidades pictóricas cada vez son más plásticas. Capas y capas se acumulan formando sedimentos y craquelados que concluyen en una base técnica sólida donde el gusto por los detalles y el preciosismo queda patente.
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