Noreña, Asturias, 1979

Elena Rato

El proyecto artístico que he ido desarrollando en los últimos años es un trabajo fronterizo apasionadamente apegado a la pintura, que reúne una convergencia de elementos que provienen de series hasta ahora compartimentadas. El proceso por el cual las diferentes líneas creativas se han ido permeando lo identifico como un sustrato plástico que va depositando capas en dos niveles, conceptual y estético.

Partiendo, en los comienzos, de un posicionamiento cercano al expre- sionismo abstracto, he ido depurando formas y transformando mi tra- bajo en una pintura contenida; Así, dando una vuelta de tuerca sobre el concepto informalista de la mancha y la fuerza del expresionismo, he llegado a una revisión del informalismo desde una ventana más racional y con el apoyo de las denominadas nuevas tecnologías.

El leitmotiv que unifica plásticamente estas pinturas es la presencia imperiosa de lo que vengo denominando “marañas”, es decir manchas negras que comienzo a desarrollar en el 2005 y desde ese momento han permanecido presentes como paradigma iconográfico de mi abs- tracción. Las manchas van desarrollándose como si fueran autónomas; en unos casos aparecen más orgánicas, en otros tendiendo a lo geomé- trico, representadas como pequeñas grafías sutiles o apoderándose de casi la totalidad del lienzo e incluso rebasando sus límites.

Cabe destacar que tanto dentro como fuera del cuadro las marañas se extirpan con precisión quirúrgica; reproducida pictóricamente en el interior, y hacia el exterior en forma de vinilo procesado mediante herramientas digitales simulando ser pintura y expresión.

Añadiendo un nuevo elemento conceptual -o capa- en las obras más recientes; precisamente éste concepto se traslada de manera literal, primero en la creación de bocetos mediante programas informáticos que propician este trabajo “por capas” y después depositadas pictó- ricamente en el lienzo, la imagen se reproduce miméticamente en el lienzo desde la pantalla, gestos congelados, traspasados por el tamiz infográfico en una suerte de hibridación pictórico-digital.

Mis creaciones discurren por un camino fronterizo aunque apasionadamente apegado a la pintura, donde convergen elementos provenientes de series, en un principio compartimentadas pero en continuo diálogo en torno a un

discurso metapictórico y autorreferencial. El proceso a través del cual se han ido permeando las diferentes líneas creativas, lo identifico como un sustrato plástico que va depositando capas en dos niveles, conceptual y estético.

Por un lado, el tipo de imágenes pictóricas que realizo ha ido evolucionando a lo largo de los años. Partiendo de un posicionamiento cercano al expresionismo abstracto se han depurando las formas hasta transformarse en una pintura contenida. A pesar de no ser gestual, –ya que no se basa en la espontaneidad ni en la expresividad de la materia– no se puede obviar este punto de partida, puesto que desarrolla una clara tendencia a la mímesis, a la simulación del gesto y a sus efectos; todo ello, con precisión dibujística. Quizás sea, precisamente, esa contención del chorro expresivo, lo que me ha llevado a rebasar los límites del cuadro. Desde mi prisma, entiendo la utilización del término “instalación pictórica” para definir pinturas creadas en relación al espacio en el que se ubican.