Jezabel, la luminosa condensación de sus bodegones

Jezabel, la luminosa condensación de sus bodegones
Cuadros de sillas que pudieran explorar, desde su manera, espacios afines a Hopper o De Chirico

La Nueva España
08.10.2015

rubén suárez

El bodegón ha sido el género al que se ha consagrado Jezabel Rodríguez (Oviedo, 1977) desde sus inicios en el arte, un tiempo en el que ya era seleccionada en las Muestras Regionales de Artes Plásticas. El bodegón en pintura y en fotografía, disciplina esta última en la que se formó con José Ferrero, difícil encontrar maestro mejor, quien además de enseñarle la técnica pienso que influyó afortunadamente en su poética plástica. Con una fotografía ganó el premio Dasto en el 2005, que por entonces convocaba la desaparecida galería ovetense, y con fotografía y pintura expuso en ella en el mismo año, despertando indudable interés su obra. Vinieron después otras exposiciones, ya con dedicación completa a la pintura, y otros premios, entre ellos el de Art Nalón en 2012 y el Certamen de Luarca en 2014.

Jezabel Rodríguez pinta sus bodegones utilizando como motivo una muy limitada variedad de sencillos objetos de uso cotidiano, sobre todo de cristal. Son bodegones que en el primer momento de la contemplación producen una inquietante ambigüedad, porque por un lado dan una impresión de inmediatez, de realidad, pero al mismo tiempo, y desde la delicadeza y cristalina pureza con la que están tratados, desmienten la condición de su origen utilitario dando la sensación de pertenecer a otra dimensión de las cosas, enigmática, onírica, en un mundo silencioso y detenido. Están pintados con despojamiento, con una reducidísima gama cromática en torno al blanco en sutiles variaciones tonales cuidadosamente elaborados y con una contenida y contagiosa emoción. Contribuye a ello la extrema sencillez de la composición, con solo uno o dos objetos en la superficie, y la ausencia de detalles o guiños perturbadores, sólo su luminosa condensación plástica en a que los valores táctiles obtenidos en la fragmentación de luces y sombras refuerzan a los visuales para crear una relación mágica entre el objeto y el espacio que trasciende a cualquier representación empírica del motivo.

Gabino Busto, en el catálogo de la exposición de la Pinacoteca Municipal Eduardo Urculo de Langreo con motivo del premio Art Nalón, cita con buen criterio como antecedentes a Morandi y Xavier Valls, que pertenecen a universos parecidos y poco frecuentados en nuestro arte. Pero por otra parte la pureza, frialdad y nitidez de la forma en Jezabel busca caminos diferentes a la voluntad de abstracción del motivo en el temblor expresivo de la pincelada morandiana y también a los de mayor compromiso con la representación naturalista del catalán. Me hace más ilusión poner su obra en relación con otro pintor de la sensibilidad extrema, ovetense como Jezabel, el maravilloso Luis Fernández, en una parte de su pintura, su frialdad francesa y su mística. En esta exposición, como sucediera en la de Langreo, aparecen cuadros que suponen una ampliación de sus motivos: las sillas, tratados con la misma manera y muy sugestivos, entre otras cosas porque le parece a uno que por ahí tendría Jezabel Rodríguez un itinerario en el que explorar o invadir nuevos espacios, territorios pertenecientes a pintores como Hopper o De Chirico.